Una Reseña sobre Contratos Forward y Swaps

Los contratos forward y los swaps son dos de los derivados financieros menos conocidos. Ambos instrumentos, que se utilizan para operaciones comerciales específicas, pueden ser adquiridos por los inversores en distintos mercados. Sin embargo, los mercados donde se transan estos activos son los denominados No Regulados u Over the Counter (OTC). Dichos mercados son los que no están sujetos a ninguna regulación o control externo. Por lo tanto, a la hora de operar con ellos deberemos tomar todos los recaudos necesarios.

Un Contrato Forward es un acuerdo personalizado entre dos partes para comprar o vender una cierta cantidad de commodities a un precio específico en una fecha futura. A diferencia de los contratos de futuros, donde la cantidad, calidad y fecha de vencimiento están estandarizadas, en un contrato forward dichas variables se pueden ajustar a medida. Los contratos forward se pueden personalizar a cualquier commodity, cantidad y fecha de entrega.

La parte que asume el compromiso de adquirir el activo subyacente en una fecha futura se dice que adopta una posición Long ó Comprada. En cambio, la parte que está obligada a vender el activo al precio y fecha prefijados, adopta una posición Short ó Vendida. Al vencimiento, los contratos se pueden liquidar con la entrega física del commodity o bien en efectivo (por diferencia de precios).

En general, los contratos forward son acuerdos entre entidades privadas, por ejemplo entre dos compañías o entre una compañía y un banco. La gran desventaja que presentan estos activos es que al ser transados en mercados OTC existe el riesgo que una de las partes no cumpla el contrato y además tienen muy poca liquidez.

Por su parte, un Swap es un acuerdo entre dos partes para intercambiar flujos de dinero durante un período de tiempo determinado, de acuerdo a reglas preestablecidas. En general, los flujos de dinero a intercambiar están determinados por alguna variable aleatoria como puede ser una tasa de interés. En ese caso particular, hablamos de un Interest Rate Swap (IRS).

Para entender su funcionamiento veamos el siguiente ejemplo. Supongamos que una compañía tiene una deuda de $50 millones a 10 años con pago de intereses a una tasa variable (por ejemplo, la EURIBOR a un año, más un margen del 6%). En ese caso, el riesgo que tiene la compañía es que en un futuro, la tasa de referencia (EURIBOR) suba y consecuentemente deba pagar más dinero en intereses.

Para cubrir ese riesgo, la compañía decide acudir a una entidad bancaria y firmar un swap. A través de dicho contrato la compañía se obliga a pagar intereses al banco a una tasa fija del 3% anual por $50 millones durante 10 años. Por su parte, a través del swap, el banco está obligado a pagar anualmente a la compañía los intereses correspondientes a la tasa de referencia.

De esta manera, en la práctica, la compañía terminará pagando intereses a la tasa fija del swap (3%) más el margen del 6%. Es decir, habrá cambiado una deuda a tasa variable (EURIBOR a un año + 6%) por una deuda a tasa fija (9%).

Como conclusión, podemos decir que los swaps nos permiten acceder a condiciones más favorables respecto a una divisa o tasa de interés. Sin embargo, presentan la misma desventaja que los contratos forward ya que al ser transados en mercados OTC siempre existirá el riesgo de incumplimiento de una de las partes.

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